"Seis episodios después, noté que el transporte volvía a estar en la red, al acecho. No le hice caso, aunque sin duda sabía que yo era consciente de su presencia. En términos humanos, era como intentar ignorar a un tipo enorme que mira tu pantalla personal por encima de tu hombre mientras respira fuerte."
Los diarios de Matabot son pequeños cuentos que crean un poco de adicción. Así que no he esperado mucho para continuar con la segunda entrega y continuar sus vicisitudes.
Matabot ha dejado atrás al grupo de investigación y se ha lanzado a explorar su libertad, a la vez que investiga su oscuro pasado y, por supuesto, sigue viendo algunas de sus series favoritas.
Quiere recuperar sus recuerdos y descubrir qué ocurrió realmente en las minas, qué desencadeno la masacre y si realmente fue el culpable de todo ello (y por tanto su nombre está justificado).
Pero antes de llegar tiene que negociar con TIG, la inteligencia artificial de una nave de investigación extraordinariamente inteligente, con la que tendrá que superar su desconfianza inicial. Por si esto fuera poco, se ve obligado a aceptar un trabajo como Seguridad de un grupo para poder entrar en RaviHyral e investigar. Una vez más se ve en la situación de intentar mantener con vida a humanas.
La novela vuelve a plantear temas como la identidad, la construcción del yo, la empatía o la amistad, aunque aquí coge más relevancia la verdad e incorpora la temática de la memoria.
Otro componente nuevo es la relación de Matabot con otros androides; sobre todo con TIG. A pesar de que son totalmente antagónicos, ambos consiguen superar la desconfianza inicial y colaborar durante la investigación. TIG nunca trata a Matabot como una herramienta, sino como un igual con derecho a decidir, y esa actitud termina dando lugar a una amistad construida sobre la confianza (creo que el punto de inflexión es cuando Matabot confía en TIG para que lo opere).
El eje de esta relación constituye el aspecto más interesante, Mientras Matabot avanza en la construcción de su identidad, también aprende a establecer vínculos con quienes lo rodean. En ese proceso, TIG funciona como un contrapunto: cuestiona sus creencias, aporta humor, lo ayuda cuando lo necesita y le muestra una forma distinta de entender la autonomía y la confianza.
En ese sentido, la relación entre TIG y Matabot me recuerda a la de R2-D2 y C-3PO: dos seres muy distintos que encuentran en el otro un apoyo para seguir adelante. Porque en definitiva, el mayor descubrimiento de Matabot no está solo en la verdad sobre su pasado, sino en la amistad que construye durante el camino y en cómo esa relación le ayuda a superar sus propios límites.
Ahora solo queda saber dónde nos conduce Protocolo rebelde y si es necesario un replanteamiento de mi nota inicial, porque creo que la historia va increscendo.
| Autor | Martha Wells
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| Editorial | Editorial Hidra |
| Precio Aprox. | 17 Eur. |
| Sentimiento* | Protocolo rebelde |
| Valoración | |
| Obtenido en | Bibliotecas de Barcelona |





