"El globo fue construido, y la tripulación realizó una docena de vuelos de práctica. Estos, ante la sorpresa de todo el mundo, especialmente Frigate, no evidenciaron más que algunos problemas menores. Sin embargo, todos los vuelos de entrenamiento se realizaron a bajas altitudes, que matenían al aerostato por debajo de las cimas de las montañas que emparedaban el Valle"
El tercer libro de la serie de Mundo Río con su estructura segmentada (salta continuamente de escenario y personajes), hay dobles e identidades múltiples (como el alter ego del autor: Frigate) y buena parte de la lectura te la pasas intentando encajar todas las piezas para terminar con una resolución que te deja aún más confundida.
Entiendo que Farmer da un paso más y ya no es sólo saber por qué han resucitado o quién creo ese mundo, sino que convierte a la propia novela en un experimento que juega con la propia idea de novela de aventuras (toda ella me ha recordado mucho Los autos locos).
El problema es que creo que a Farmer se le fue un poco de las manos porque después de 500 páginas tienes la sensación de haber recorrido un camino larguísimo para acabar descubriendo que, en realidad, no ha pasado prácticamente nada.
En cuento a la historia, la humanidad continua adaptándose a Mundo Río e intentando averiguar quienes son los creadores de este extraño mundo y el por qué han sido resucitados. Pero las reglas del juego han cambiado un poco, ya que de repente los que mueren no resucitan y los peligros vuelven a tener consecuencias definitivas; además se descubre que no hay personas resucitadas a partir de 1983 (un criterio de selección de los Éticos).
Y dentro de todo este escenario las tramas de Burton, Clemens y el resto de personajes avanzan, se cruzan, se enfrentan... estallan conflictos, hay traiciones y, sobre todo, continuan los misterios mientras todos se dirigen a la Torres Oscura.
Todo ello, no para ir resolviendo dudas, sino para cambiar la percepción de todo el escenario (lo que deja casi sin validez las preguntas que los personajes se hacían). Lo que parecía una búsqueda destinada a encontrar respuestas empieza a cuestionar las propias preguntas que los personajes se habían hecho hasta el momento. Y, por ende, el lector se ve empujado a cambiar la perspectiva del espacio, las reglas y la pulsión de llegar a la Torre.
Otro tema importante es el tratamiento de los personajes femeninos, que en una novela que juega con los arquetipos mantenga el papel secundario de las mujeres (hecho que me he encontrado en varias novelas; y es que parece resultar más difícil romper el patriarcado que imaginar un mundo que no exista la muerte). Podría afirmarse que Jill es la única que participa activamente en la aventura, pero su papel sigue estando condicionado por las decisiones y los conflictos masculinos (con lo que te queda la sensación de oportunidad desaprovechada).
Como he mencionado antes, la novela juega con la idea de novela de aventuras al estilo más clásico (el nombre del globo es Julio Verne), pero el problema es que por el camino se perdió el objetivo final de una aventura (y lo que realmente da sentido a la misma) que es la consecución del objetivo final. Farmer nos da una patada y nos deja lejos de alcanzarlo, por lo que tienes que conformarte con la ambivalencia de este juego metanovelesco.
Y quizás es aquí donde me he desenganchado de Mundo Río, porque como aficionada a la space me he quedado a medio camino de aquello que me había empujado a seguir el viaje; ahora bien, disculpemos que el que iba a ser originalmente el cierre de la saga no lo sea y esperemos que este desvío tenga algún sentido que se revele en la siguiente novela.
| Autor | Philip José Farmer |
| Editorial | Debolsillo |
| Precio Aprox. | 7 Eur. |
| Sentimiento* | Llegaremos a la Torres? |
| Valoración | |
| Obtenido en | E-Book |





