
Ya he dicho en varias ocasiones que el cyberpunk no es lo mio, no acabo de encontrar la gracia; y mi última oportunidad consistía en ir a los inicios y a través de una novela precursora coger el hilo de este subgénero.
La hipótesis me parecía buena y tenía ya escogida una novela de rabiosa actualidad ya que se basa en la premisa de Toffler por la que una sociedad sometida a cambios tecnológicos y sociales demasiado rápidos sufre estrés, desorientación... Y precisamente, ahora mismo estamos en medio de la vorágine que la IA está generando. Por si este contexto no era poco, además la novela adelantó conceptos como gusanos informáticos, navegación en redes o hacktivismo.
Con esta premisa y buenos augurios me sumergí en la lectura que me llevo a un futuro que me pareció el presente, porque la novela muestra un mundo saturado de datos, donde la privacidad casi ha desaparecido y las personas viven bajo vigilancia constante.
En este contexto encontramos a Nick Haflinger, un genio informático y un fugitivo de un centro de adiestramiento gubernamental, que al más puro estilo de el Santo, ha conseguido huir durante varios años... pero finalmente el gobierno le ha atrapado. A través de su interrogatorio veremos el pasado de sus múltiples personalidades y el presente con el interrogatorio neurológico.
La novela desarrolla temas del cyberpunk como el control estatal y corporativo de la información, la pérdida de privacidad, la manipulación de la identidad digital, la dependencia tecnológica... pero sobre todo la velocidad del cambio y el impacto dentro de nuestra mente. Brunner retrata una sociedad sometida a una transformación constante, donde las personas apenas tienen tiempo para adaptarse antes de que todo vuelva a cambiar (ej. estudiantes que al volver a sus casas no la reconocían).
Y es aquí donde aparece un conflicto que me ha parecido muy interesante: el choque entre la necesidad de pertenecer a un grupo, mantener ritos, costumbres y tradiciones; enfrentados a un contexto de continua novedad donde no hay nada estable, no hay una continuidad, ni rutinas... Nada que ancle a las personas a un hogar (todo es provisional, reemplazable y efímero) y la persona queda en una inestabilidad constante que a muchos les conduce a sobrecargas.
La novela se adentra en muchos más temas y conceptos (interesante que ya en 1975 se expusiera la falacia de que los datos públicos otorgarían más libertad, lo mismo que pensamos cuando surgió Internet), pero un aspecto que me ha llamado la atención (junto con el enfrentamiento entre la permanencia humana y el cambio) es la referencia que hace a Mumford cuando habla de las construcciones que se mimetizan con el entorno en Precipicio.
Mumford afirmaba que la arquitectura moderna cada vez rompe más con su entorno debido a la priorización de la mecanización y la eficiencia técnica (no es lo mismo un molino que una fábrica).
De este modo Precipicio se convierte no solo en una zona de exclusión de pago, sino que es un núcleo de resistencia mucho más profundo de lo que se podría sospechar.
Como muchas novelas del cyberpunk adelante temas y problemas muy actuales, donde ese futuro inquietante es casi nuestro presente... y solo nos queda esperar poder encontrar la sabiduría como Nick.
| Autor | John Brunner
|
| Editorial | Gigamesh |
| Precio Aprox. | 32 Eur. |
| Sentimiento* | Carrera de cerebros |
| Valoración | |
| Obtenido en | Bibliotecas de Barcelona |
- En la sobrecubierta trasera: "John Brunner (1934-1995) nació en 1963 en Preston Crowmarsh (Inglaterra).

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