Alguien me dijo una vez que las bibliotecas eran las cárceles de los libros; pues bien, démosles libertad compartiendo aquellos libros que adoras u odias. Libera libros a través de tus experiencias y sobre todo rescátalos de las estanterías, de sus cárceles!
Durante el trayecto me he encontrado, como en cada reto que hago, fabulosas lecturas y descubierto autores, pero también lecturas para el olvido y grandes fracasos. Y precisamente por todo ello me gustan los retos lectores y seguiré haciéndolos, por esa magia de no saber qué te vas a encontrar y de arriesgar un poco con lo desconocido.
"La música forma part de l'ésser humà, i no hi ha cap cultura humana en la qual la música no sigui molt desenvolupada i molt apreciada. La seva ubiqüitat potser fa que sigui trivialitzada en la vida diària..."
Tiene razón Oliver Sacks y la música lo inunda todo: voy por la calle con los cascos, entro en algún lado y hay hilo musical, hasta he tenido vecinos que tocaban el piano o cantaban opera en la terraza (y lo más asombroso, gente que al terminar les aplaudía)... pero no ha sido hasta estar en medio de un masaje que he sido consciente de la relevancia de la música en el entorno. Estaba intentando no pensar en nada, pero fui incapaz de no sentir el leve sonido de la música y la progresiva sincronización de las manos de la masajista con las notas que iban sucediéndose. Llegado a este punto de renuncia a conseguir relajarme, al menos disfruté de una pequeña sesión de música clásica. Vale que toda la situación tiene un punto obsesivo-paranoico, pero es que cuando leo ensayos la realidad empieza a devenir en un capítulo más del libro (lo malo es que nunca sé cuanto durará esta etapa). Pero lo más asombroso es que por fin he comprendido el por qué de mis graves problemas con la música y mi incapacidad total por intentar reproducir un ritmo (ya me podría haber enterado antes y ahorrarme tanto sufrimiento con las clases de música del colegio). En el libro a parte de encontrar algunas respuestas podemos realizarrecorrido exhaustivo por diversos pacientes y su relación con la música (algunos ya mencionados en algunos de sus otros libros): enfermos de Alzheimer que han perdido cualquier recuerdo excepto las piezas de música o las canciones, terapias que podrían funcionar para las personas que sufren Parkinson, la hipermusicalidad del síndrome de William... pero también nos ayuda a entender los sistemas que llevan a una canción a incrustarse en tu cerebro e ir repitiéndola constantemente o las alucinaciones musicales. Quedan muchas cosas en el tintero porque el libro está lleno de casos asombrosos, pero llegó un momento que me saturó tanto análisis sobre las patologías entorno a la música (quizás estoy demasiado acostumbrada a otros libros de Sacks en el que los casos van saltando de un extremo a otro). Sin embargo fue únicamente durante un par de capítulos, porque luego volví a entrar de lleno en la lectura y ¡menos mal! ya que el autor guardaba datos muy interesantes.
Un último "pero" tanta nota a pie de página me vuelve loca y no es una opción no leerlas porque soy incapaz de no hacerlo (manías lectoras).
"Muchos de mis recuerdos infantiles son de metales desde el principio, parecieron ejercer un poder sobre mí."
El 30 de agosto de 2015 fallecía Oliver Sack, uno de los grandes divulgadores científicos de nuestro tiempo. Si no recuerdo mal, el primer libro que leí de Sacks fue "Veo una voz: viaje al mundo de los sordos", después llegaría "Un antropólogo en Marte", "La isla de los ciegos al color" y "El hombre que confundió a su mujer con un sombrero". Y en todos ellos me fascino la capacidad de transmitir realidades complejas y extrañas de un modo tan didáctico; por ello no deja de sorprenderme (y aún no me he recuperado) del auténtico jarro de agua fría que ha supuesto la lectura de este libro.
El tío Tungsteno es un recorrido por la infancia de Oliver Sacks y su afición a la química, en la que se refugia tras su estancia en un internado durante la Segunda Guerra Mundial. En ella encuentra el orden y el refugio necesario para retomar su vida. A través de los experimentos y lecturas que Sacks realiza haremos un recorrido por los avances, teorías y descubrimientos de la química: cómo se fueron descubriendo los diferentes elementos y sus características, cómo se realizó la tabla periódica... es un proceso que en clase se comprime hasta desaparecer bajo una lista de elementos con símbolo, peso atómico y valencia; pero que en realidad llevo décadas de estudio y teorías, de sacrificios y accidentes que merecen ser valorados. El viaje que Oliver Sacks se inicia de la mano de uno de sus tíos, al que cariñosamente llama Tungsteno (elemento químico que se utiliza especialmente en los filamentos de las lámparas incadescentes) ya que tiene una fábrica de bombillas eléctricas. Y con la manga ancha de sus padres puede dar rienda suelta a su interés (le dejan instalar un laboratorio en casa), sin embargo todo ello lo abandonará para ser médico (al igual que sus padres) y no será hasta muchos años después que retome su hobby y escriba este libro. Yo no tengo el mismo entusiasmo por la química que Sacks, y el libro no ha despertado ninguna afinidad oculta o soterrada que tuviera respecto a esta ciencia; es más creo que seguiré odiando la química como hasta ahora. Por ello, puede que no sea muy ecuánime cuando digo que me ha resultado tedioso y algo aburrido el recorrido sobre la historia de los elementos químicos. Realmente es un autor que merece la pena leer, pero que no sea este libro (a no ser que seas un loco de la química, en tal caso adelante con tu locura).
Ayer leí una noticia que me conmocionó profundamente (y aún sigo dándole vueltas en mi cabeza). Se trata de la despedida de Oliver Sacks, el cual sufre un cáncer terminal en estado muy avanzado.
Para los que no lo conozcáis os recomiendo que leáis cualquier libro suyo (en serio cualquiera os encantará): "Un antropólogo en Marte", "El hombre que confundió a su mujer con un sombrero", "Veo una voz", "El Tío Tungsteno"...
Oliver Sacks es un neurólogo que escribe sobre casos sorprendentes y que con su habitual franqueza y estilo ha escrito una carta de despedida (La Vanguardia recogía el texto).
La he leído y siendo sincera os diré que la he terminado con lágrimas en los ojos, me he sentido como si estuviera leyendo una carta de un amigo (en cierto sentido así es).
No puedo más que decir que "ha sido un placer viajar, conocer y sorprenderme con cada caso y con cada libro". A continuación os dejo la carta de Oliver Sacks: